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No canto tangos por nostalgia

Diario Clarín
19 de Julio de 2003 .-


Está en Los Angeles, cantando tangos. Allí recibió el golpe, con días de diferencia, de las muertes de su hermano y su sobrina María Gabriela Epumer. Habla de su encuentro con Joan Baez y de su actuación en el Festival de Orgullo Gay en San Francisco.

Bluejeans es una palabra que cuadra tan bien con el espíritu Celeste Carballo. Y por ahí donde nació el denim andan hoy la cantante, su voz y su guitarra rebeldes, libres, bluseras, rockeras y ahora, también… tangueras. Circulando el far west del Norte, tan abrigo del sueño americano como de la generación beat que pateó las carreteras y los moldes, va Celeste. A full.
El 29 de junio 10 mil personas aplaudieron su show a rabiar durante los festejos del San Francisco Gay Pride (Festival del Orgullo Gay). La yapa sería un encuentro con su ídola Joan Baez al pie del escenario. Celeste volvía feliz para Los Angeles cuando una noticia horrible la cruzó: la muerte de su sobrina y amiga y colega María Gabriela Epumer. Días después, también murió su hermano Gabriel. Con su dolor y una increíble fuerza impulsora a cuestas, Celeste siguió en la ruta. "Fue una hecatombe. El estaba muy enfermo, sabíamos que eso podía pasar; pero lo otro… Las fichas todavía no me han caído del todo. Estoy más enojada que otra cosa", dirá en charla telefónica, mientras se prepara para cerrar junto a la Camerata Tango el Los Angeles Latino Film Festival (dedicado en esta edición al cine argentino), el 26 de julio.

¿Cómo empezó esta historia de Celeste en el Oeste?

(risas) ¿Sí no? Del oeste de allá (vive en Moreno) al oeste de acá, y en el medio un show en Mendoza. Puro oeste. Mágico. A Estados Unidos vengo desde el 95: primero Miami, al año pasé unos meses en Atlanta haciendo la música de la película, In Trouble. Fue la primera vez que trabajaba en estudio con músicos internacionales sin hablar español. Vi cómo toda esta gente hacía sus discos de forma independiente, toqué y sentí que acá les gustaba muchísimo escucharme cantar… Me entusiasmé con la idea de venir a tocar a Los Angeles, pero recién lo hice en el 99.

Finalmente, el año pasado, editó Celesteacústica en los EE.UU. a través del sello De la nuca y se pasó cinco meses tocando de aquí para allá, con Los Piojos, Lerner, mientras hacía prensa de su placa. "Es tan impresionante el ritmo al que crecen acá los medios latinos de rock. Hacés una nota en radio y llaman venezolanos de Oklahoma, mexicanos de Nebraska, qué se yo. Por eso digo que en Estados Unidos me siento más cerca de Latinoamérica", dice.

¿Cuántos festivales de orgullo gay llevás hechos por el mundo?

Este fue el cuarto. El primero, en Atlanta en el 96, cuando toqué antes que las Indigo Girls; en el 2000 en el World Pride de Roma; el año pasado en Porto Alegre que fue alucinante, miles de familias. Y ahora San Francisco, fue muy impresionante estar ahí en el City Hall con la bandera de la diversidad flameando (poné que es la del arco iris, eh, porque allá en la Argentina la gente no tiene idea de eso) y ¡me invitaron para Nueva York! el año que viene…

¿Lamentás no tener acá ese espacio de lucha?

Es que en Argentina no hay un festival, solamente la marcha anual, a la que voy siempre, bailando de Plaza de Mayo al Congreso, sacando fotos, pasándola bien. Yo creo que este año van a hacer un festival. Por ejemplo: haber encontrado a Joan Baez en San Francisco, para mí fue un buen indicio. Es mi ídola de toda la vida a nivel música y política; mi gurú a nivel declaraciones, lo que representa. Y corroboró la idea que yo tenía: si todos los artistas del mainstream argentino participaran…

¿Querés decir que apoyaran la causa?

Es que sería un buen indicio que la comunidad toda participara. No hay ningún gueto. Mercedes Sosa, mi amigo Juanse, Alejandro Lerner, Charly, el Bahiano, todos en algún momento han compartido mi vida cotidiana. La Negra cada vez que me encuentra me pregunta cómo está mi corazón, si mi compañera está bien. Estoy segura de que ellos participarían.

¿Sentís que durante toda tu carrera acá ese tema fue tabú en los medios?

Hubo alguna mala onda (risas) pero sobre todo, lo que me parece que hay es mucha ignorancia, falta de información buena. Por ejemplo, la tele desinforma. Por eso jamás me vas a ver en uno de esos talk shows de desinformación masiva.

¿No ves un avance en que en Buenos Aires aprobaran las uniones civiles de un mismo sexo?

Refleja un avance social: primero tiene que avanzar el individuo para que la letra complete ese avance. Y todavía hace falta generar información como para que la gente allá o acá se tranquilice al respecto porque en realidad estamos hablando de amor, de emotividad. Yo no hablo de mi sexualidad sino de emotividad.

¿Y cómo fue el encuentro con Joan Baez?

Yo llegué al escenario con la banda así, recontentos, y por ahí veo parada al lado mío a Joan Baez, no-lo-po-día-cre-er. La saludé y nos quedamos un rato conversando, estuvimos hablando de la Argentina, de música. Salió a cantar y fue increíble, después vino y me abrazó. Yo estaba en estado "es la vida que me alcanza" y no sólo a mí, alcanza a toda mi familia, mis amigos. Me acordé de mi vieja, mis hermanas, mis sobrinos y sobrinitos, de todos los que estuvieron siempre, siempre cerca de mí. Estaban también en ese momento. Fue eso ahí: como otra más de mi familia, porque siempre me acompañó, a nivel político, como ícono. Un flash, rápido, como pasan las cosas buenas.

¿Allá estás muy en las huestes del tango?

Sí, trabajando con la Camerata Tango, un grupo muy groso creado en honor a Astor Piazzolla por una pianista argentina excepcional, Analía Lenchantin, que vive aquí desde hace 30 años. Nos conectamos a través de mi primer tango: Un tango desnuda. Mis amigos de aquí, que lo habían escuchado e insistían con que hiciera tango, me presentaron a Analía. Ella me contó que estaba escribiendo tangos nuevos con mucho miedo. Y ese fue el punto de contacto: yo también estaba componiendo tangos nuevos y también con miedo. ¡Ocho años estuve dándole vueltas al primero, que si era tango o no! (risas) Grabamos una prueba con voz mía, piano y, en chelo, su hija. Ya vamos por el segundo tango de ella que grabamos, muy intenso: A vos, mujer, que estrenaremos en Hollywood la semana que viene con un show montado en la calle en el que hay grosísimos aerealistas (performers aéreos) del Cirque du Soleil canadiense.

¿Esta etapa tiene que ver con la nostalgia?

No, ni ahí, todo eso es mito. Yo sólo canté tangos cuando era nena, con mis hermanos. En el 2000 empecé en Buenos Aires con Daniel Melingo, él y su bandoneonista fueron los que me impulsaron. Más bien, yo creo que tiene que ver con un despertar generacional del tango en la Argentina. Al revés de la distancia, pasa por la cercanía.

La muerte de María Gabriela Epumer fue un palazo en la cabeza. "No lo creí por tres días. Mientras tomaba conciencia de todo ese descuido generalizado que hay en la Argentina. Me enojé muchísimo más que ponerme triste. El cholulismo también me indigna: cómo puede ser que si ella estaba así y la vieron médicos no la dejaran internada en lugar de firmarle un papel para que vuelva a su casa porque total era conocida. Esa falta de rigor. No sé, ya hablaré. Pero por favor, que se cuiden los músicos en gira, que duermen poco, y el frío y los viajes y los cambios de temperatura. Esto no es una casualidad, y tiene que servir para que cambie algo.

Celeste sigue con eso sin lo que no puede vivir: la comunicación con el mundo a través de la música, tejiendo redes y amigos. Vendrá pronto, y pronto también partirá a tocar en Viena. "Una buena forma —dice— ésta de circular, para alargar el tiempo".

El encuentro con Joan Baez


Hace diez años, después de los tres shows que dio con Peter Gabriel, Celeste escribió una canción que permanece inédita. Y decía así: Joan Baez cantó Let it be para mí / después Gabriela se fue lejos de aquí / mientras Simone de Beauvoir me enseñaba a relatar/ supe que la vida siempre esta ofreciendo otra oportunidad. Tanta coincidencia entre esa letra y lo que le tocó vivir en las últimas semanas apura en ella un comentario: "Sincronicidad o, como decimos en el barrio: las vueltas de la vida".
En una esquina de ese barrio, Devoto, Celeste se compró, a los 11, su primer simple de Joan Baez, no por ella, de quien no sabía ni jota, sino porque el vinilo traía una canción de sus adorados Beatles: Let it be. Y fue esa la versión que más le gustó en la vida. "No entendía una palabra, pero ese disquito sonaba una y otra vez en casa. Después, los años 70 trajeron alguna que otra fotito de ella por ahí, en las revistas. Pero yo ya sabía que cantar era más que una linda voz y pegarle a la nota justa. Joan Baez cantó muchas canciones después para mí. Tantas veces tuve su imagen en el alma al subir a un escenario, así como un rayo de luz".
El 29 de junio, Celeste cuenta que llegó al escenario del Festival del Orgullo Gay con Vivi y Guido, dos amigos argentinos que allá son su banda. Sol radiante, miles de personas. "Y la emoción de verla así a Joan, a mí lado, tanto que casi ni me sorprendió. Una artista consecuente, cómo no iba a estar apoyando la causa de la Diversidad." Y asegura Carballo que sin palabras Joan Baez le dijo de nuevo: "Let it be".

por Carolina Muzi