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C r ó n i c a s   T e r r e s t r e s
LOIS BLUE, CANTANTE DE JAZZ ARGENTINA


Un llamado desde New York

por cece

La voz de una mujer llena de erotismo, libertad y rebeldía, ha triunfado en la escena del jazz argentino de los años cuarenta y cincuenta. Huyó a New York siendo una joven de setenta y cinco, nunca más volvió.
El último invierno del siglo XX ha debido ser muy fuerte en New York, tanto como para llegar a debilitar el sistema inmunológico de la gran Lois Blue y así lograr llevarla a otro cielo con millares de escenarios y de pianos.

Una fiesta de fin de año en el Harlem con minifalda a los 86 años no es para cualquiera. La mejor cantante de jazz que tuvo por siempre la Argentina dejó este mundo corporal en enero de 1999, rodeada de sus nuevos amigos, músicos y cantantes afro americanos.
Ella había decidido salir de Argentina en 1980 para cantar en Estados Unidos y encontrarse cercana a los músicos que siempre amó y admiró. Tocaba el piano y cantaba con la comodidad de los grandes, llenaba el aire con su voz de mezzo soprano potente, reventada, dulce, investigadora de escalas pentatónicas, improvisando en cada compás, entrando en el alma de quien tuviera la suerte de estar ahí para escucharla.

Lucía Bolognini Míguez, había nacido el 23 de agosto de 1912, en Buenos Aires, portando apellido ilustre, su tío Edgardo Míguez fue elegido vicegobernador de la
Provincia de Buenos Aires en la época conservadora. Su madre, Delia era poeta y su padre, Augusto era pintor naturalista y fundador de un Instituto de Bellas Artes en el barrio de Belgrano.

Lucy creció rodeada de discusiones sobre estilo, arte, literatura, música y todo eso que supone espíritus abiertos a lo nuevo. En los treinta lo nuevo era el jazz, y Lucy tocaba el piano, hablaba inglés.

Es fácil llegar a una noche del verano en 1935 cuando cantó en público por primera vez con la orquesta de la confitería del Torreón en Mar del Plata. Sus ojos azules habrán brillado con la intensidad de las almas puras, sus padres presentes en la velada habrán aplaudido y brindado enloquecidos. Lucy se transformó en Lois Blue para siempre esa noche, y nunca más se bajó del escenario. Cantó con las mejores orquestas de loscuarenta y los cincuenta.

Entrando en la década de los sesenta los Stones avasallaban el mundo, y el jazz dejaba por un rato los grandes escenarios, Lois Blue siguió cantando con un piano, tanta hormona hacía que Summertime fuera cosa de niños en su voz. Cómo arrastraba la letra de cada palabra, lo escuché de su vozarrón endemoniado en vivo y en directo a principio de los setenta. Junto con el disco de "La Pesada del Rock", y "El duende" de Chik Corea, había comprado uno de Lois Blue y también "Tributo a Thelonious Monk" del Mono Villegas.

Jorge Andersen saxo tenor, Santiago Giaccobe en piano, Jorge González en contrabajo y Néstor Astarita en la batería, fueron su banda en diciembre de 1972 cuando grabó su disco en el sello Redondel. Body and soul, As time goes by, muchos clásicos de jazz, y Lois Blue rehaciendo todo.

Ella cantaba en el Bar Sur de San Telmo los sábados, y también esporádicamente
aparecía en Jazz & Pop, era imposible quedarse afuera de su energía cuando cantaba, tocaba el piano, hacía bromas en su manera de hablar porteña. También cantaba algún tango arrabalero casi de pasada.

Algunos años antes, en 1968, la había escuchado Duke Ellington cantando en un famoso bar de la época, El Duque se quedó enfermo con esta mujer de ojos azules, como una mammy blue blanca y Argentina, la adoró por siempre.

También Louis Amstrong la conoció cuando estuvo en Buenos Aires. La invitó a cantar con su orquesta en el Luna Park cuando hizo su despedida de Argentina.

Los bares de San Telmo la extrañaron por siempre cuando decidió irse a Estados Unidos, pero allá encontró a sus almas gemelas. Se integró a la Asociación de Mujeres Cantantes de Jazz, haciendo conciertos itinerantes en muchas ciudades de Estados Unidos, y luego de algunos años de viajar por todo el país, se estableció en New York.
Las Mujeres Cantantes de Jazz, en su mayoría afro americanas, la habían adoptado como hermana de sangre.

Lois Blue, la única blanca aceptada en los teatros del Harlem, en los bares y en el alma.

La hermana de Duke Ellington y Lois fueron grandes amigas, los críticos de jazz en la prensa norteamericana, han escrito los mejores comentarios de su voz y su estilo. Ella cantaba con grandes músicos, participando de jamms cada semana.

Lois Blue cantó hasta la última semana de su vida, una neumonía logró detener su paso por esta tierra, pero sin embargo jamás logró hacer que dejara de brillar.

Un llamado desde New York, a fines de 1998, recibí en casa, era Lois Blue que me cantaba en el contestador un bee-bop gigante, y con esa voz llena de erotismo me decía, "Che, piba, atendeme, estuve cantando anoche en el Teatro del Harlem con todo el público de pié. Mirá lo que canté....... bbbiiii... bat aaaahhh ahhbet bat biiiriribira...heeemmmm...."
Tuvo todos los novios que quiso en esta tierra, en ese cuerpo, con esa voz llena de blues.

Lois Blue; tanta hormona irrepetible.